En la representación se recrea la muerte, asunción y coronación de la Virgen María y presenta numerosos aspectos artísticos e históricos de gran importancia. Es la única obra de sus características que se ha mantenido sin interrupciones significativas desde la Edad Media hasta nuestros días. Superó, incluso, las prohibiciones oficiales derivadas del concilio de Trento (1545-1563) respecto a escenificaciones en el interior de los templos, gracias a un privilegio del Papa Urbano VIII fechado en 1632. Se trata,  por tanto, gracias a esa pervivencia, de una obra clave para entender y estudiar el teatro religioso europeo de origen medieval. Pero sobre todo y ante todo, es la principal celebración comunitaria de los ilicitanos, la gran fiesta de Elche, la Festa d’Elx.

Fuentes literarias y musicales

Su argumento y desarrollo está basado en los relatos tradicionales que sobre la muerte y asunción de la Virgen María se transmitieron de manera oral desde los primeros años del cristianismo. Tales relatos fueron recopilados a partir del siglo IV en los llamados Evangelios Apócrifos que recogen, precisamente, pasajes de la vida y muerte de Jesucristo y de su madre que no aparecen en los cuatro evangelios canónicos. Estas narraciones se refundieron en escritos posteriores de gran difusión en la Europa medieval, como es el caso de la Leyenda Áurea, redactada por Jacobus de Voragine en la segunda mitad del siglo XIII y que parece el antecedente directo del argumento del Misterio de Elche.

Los versos de la Festa están escritos en valenciano, con un salmo y algunas expresiones tomadas de la liturgia en latín y se distribuyen en estrofas de diversos tipos. Pero la parte artística más notable del drama asuncionista es, sin duda, la musical. Siguiendo la tradición medieval, es totalmente cantado con melodías que proceden de diversas épocas. Hay cantos de ascendencia medieval, sobre todo en la primera jornada que contiene melodías de carácter monódico con claras influencias del repertorio gregoriano y popular. Y también cuenta con motetes polifónicos renacentistas e incluso se detectan adornos y añadidos barrocos y aún posteriores, pero todos ellos perfectamente ensamblados de manera que el conjunto es extraordinario.

Escenografía

Otro aspecto que puede explicar la pervivencia del Misterio es su espectacularidad escénica que ha atraído a numerosos visitantes en todas las épocas. La estructura y los elementos teatrales de la obra tienen también sus raíces en la Edad Media y se adaptan al interior de la Basílica de Santa María. Puede diferenciarse entre un escenario horizontal o «terrestre» que está formado por un tablado o cadafal que se levanta en el crucero del templo, ligeramente introducido en su presbiterio. Su ubicación permite que los espectadores puedan situarse y contemplar la representación en sus cuatro lados. A este tablado se accede desde la puerta Mayor de la iglesia mediante un plano inclinado o andador por el que entran los personajes «humanos» de la obra: la Virgen María y sus acompañantes, los apóstoles y los judíos. También se emplea un escenario vertical o «aéreo» que se instala en la cúpula de la iglesia para representar el cielo. Los tramoyistas, ocultos a la vista de los espectadores por una gran lona decorada con nubes y ángeles, accionan tornos, maromas y poleas para permitir el descenso y ascenso de tres artefactos teatrales con los personajes del mundo celestial: ángeles y la Santísima Trinidad. Estos artefactos son la Nube o «Granada» cuyas ocho alas practicables permiten ocultar y mostrar al niño que lo ocupa; el Araceli con aspecto de retablo en donde dos adultos y dos niños acompañan a la imagen de la Virgen en su Asunción; y la «Coronación» o trono de la Santísima Trinidad figurada por un sacerdote y dos niños.

Historia

La Festa estuvo organizada en sus comienzos por algunas familias de la pequeña nobleza local, como los Perpinyà o los Caro. Precisamente, la referencia documental más antigua se encuentra en el testamento de la ilicitana Isabel Caro, fechado en 1523, en el que legaba algunos fondos para continuar una «grandísima fiesta y solemnidad» que los religiosos de la villa realizaban en la iglesia de Santa María durante la festividad de la Asunción de Nuestra Señora. En esta solemnidad era utilizada una imagen de la Virgen que la testadora poseía en su casa y que, después de su muerte, debía pasar a un oratorio creado por ella.

El 1530 ya existía en Elche una Cofradía de Nuestra Señora de la Asunción que, con sede en la ermita de San Sebastián, hoy ocupada por el Museu Municipal de la Festa, era la encargada de preparar la festividad y mantener e incrementar los cultos marianos. Esta cofradía contaba con unos clavarios y mayordomos y, además de las aportaciones de los cofrades y de las limosnas recogidas en el «plato» de la ermita, recibía ayudas del Consejo municipal. Por ejemplo, los doce ducados de oro que éste ofreció para dorar la silla en la que cada año se hacía la Asunción de María, seguramente un precedente del actual Araceli.

Sin embargo, el hecho de que no poseyera suficientes recursos económicos y que no hubiera personas dispuestas a regir esta Cofradía hizo que el Misterio estuviera en peligro de desaparición en los últimos años del siglo XVI.  Fue el 11 de marzo de 1609 cuando, de manera definitiva, el Consejo de la villa tomó el acuerdo de hacerse cargo de la organización y financiación de la Festa, «y que no se deje de hacer». Para ello estableció una serie de impuestos municipales entre los que hay que destacar por su importancia el de la moltura de granos y el de la venta de carnes.

El siglo XVIII representa el del máximo esplendor del Misterio, pero la Desamortización del 1835 y la falta de recursos económicos hizo que entrara en una grave decadencia artística a partir de la segunda mitad del siglo XIX.  Fruto de una campaña de concienciación promovida en la ciudad por el erudito historiador Pedro Ibarra y Ruiz (1858-1934) fue la Junta Protectora de la Festa creada en 1924 —en la que se integraron fuerzas ajenas al propio Ayuntamiento—, que hizo posible una revisión musical y escénica del drama. La partitura fue revisada por el músico alicantino Óscar Esplá (1886-1976), que, entre otras cosas, repuso la escena de la Judiada, suprimida desde hacía más de ciento cincuenta años.

Las amenazas a la continuidad del Misterio surgidas en 1931 fueron detenidas con  la concesión por parte del Gobierno de la II República española del título de Monumento Nacional el 15 de septiembre de dicho año, el primero que se concedía a un bien inmaterial. De esta manera la obra pasó a ser tutelada por el Estado a través de un Patronato local.

Después de la Guerra Civil se organizó en la ciudad la llamada Junta Nacional Restauradora del Misterio de Elche y de sus Templos, que tenía como misión principal la restauración de la iglesia de Santa María —incendiada en febrero de 1936—, así como, a partir de agosto de 1941, la puesta marcha de las representaciones del Misterio. Acabadas las tareas restauradoras, esta Junta fue transformada en 1948 en el Patronato Nacional del Misterio de Elche, encargado de organizar la obra asuncionista, de difundir sus valores y de velar por la iglesia de Santa María. Los trabajos cotidianos se efectuaban a través de su Junta Local Gestora y mediante el apoyo económico del Ayuntamiento de Elche, el Ministerio de Cultura —que traspasó sus competencias a la Generalidad Valenciana en la época democrática—, la Diputación Provincial de Alicante y algunas entidades de ahorro.

El 18 de mayo de 2001 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el más alto organismo cultural internacional, proclamó la Festa Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad; era la primera expresión española en conseguir tal reconocimiento. Y el 4 de noviembre de 2008 fue incorporada, junto con las restantes Obras Maestras, a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, regida por la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial aprobada por la Conferencia General de la UNESCO en 2003.

Una de las consecuencias de este reconocimiento UNESCO es la Ley del Misteri d’Elx aprobada por las Corts Valencianes el 22 de diciembre de 2005 que plasma un consenso histórico alcanzado entre el Ayuntamiento de Elche, la Generalitat Valenciana y la Iglesia Católica de Orihuela-Alicante para proteger la obra y asegurar su pervivencia futura a través del actual Patronat del Misteri d’Elx.